Negacionismos en Vacunas y en Energías renovables, ¿como los relacionamos?
La mejor vacuna frente a la crisis energética: las energías renovables
La mejor energía renovable: la que nos vacuna con salud en forma de vitamina, el sol y la vitamina D


- Las energías renovables son la medida económica más eficaz para invertir cuando hay una gran crisis energética. España debido a su posición privilegiada con alta cantidad de luz solar, si ha apostado por esta forma de energía como prioritaria.
- Recientemente, haciendo un símil de lo que ha supuesto estos años de pandemia y de la importancia que han tenido las vacunas para prevenir los contagios, se ha considerado que la mejor vacuna para la crisis energética puede considerarse la energía solar, ya que nos vacuna con salud en forma de vitamina D que nos aporta el sol. Por lo que apostar por la energía solar no solo nos previene de otra posible crisis energética, sino que además nos aporta salud, porque nos inyecta una dosis adecuada de vitamina D [https://www.eleconomista.es/branded-content/noticias/11951302/09/22/Eficiencia-y-energia-renovables-las-mejores-vacunas-ante-la-emergencia-energetica.html].
- La mejor vacuna frente a los distintos patógenos tras la pandemia ¿Cúal es?
- La pandemia COVID-19 nos ha enseñado que las vacunas salvan vidas pero parece que este grupo de negacionistas, también niegan que haya existido esta pandemia, aunque las cifras de muertos en estos 3 años son la mejor justificación de su existencia y la eficiencia de las vacunas su mejor publicidad [https://theconversation.com/nos-protegen-las-vacunas-frente-a-las-nuevas-variantes-de-la-covid-197644].
- Tras la pandemia hemos visto algunos virus que han aparecido singularmente y frente a los cuáles las personas en riesgo han contado con acciones y vacunas de rápido desarrollo, este es el caso de la vacuna JYNNOS, para el virus de la viruela del mono que se desarrolló y aprobó rápidamente por las agencias reguladoras, tanto la americana FDA como la europea EMA [https://espanol.cdc.gov/poxvirus/mpox/index.html]. Pero para otros virus como el caso de las hepatitis C, pese a ser un problema creciente en España y mundialmente, no existen aún vacunas [https://theconversation.com/hepatitis-viricas-estas-son-todas-las-que-se-conocen-algunas-sin-cura-ni-vacuna-182067].
- Otros virus que han surgido tras la pandemia y que actualmente en este año 2023 si cuentan con vacunas, son frente al virus respiratorio sincitial (VRS) responsable de la bronquiolitis en lactantes y en ancianos. Dos vacunas desarrolladas por GSK (Arexvy) y Pfizer (Abrysvo) parecen tener éxito en ancianos [https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/VRS-primeras-vacunas-adultos-mayores]. Sin embargo, para el VRS en lactantes se ha desarrollado una «vacuna» denominada: nirseminab que la FDA y la EMA han aprobado para incluir en el calendario vacunal. Sin embargo, en los últimos días ha surgido la polémica con este fármaco.
- Nirseminab (denominado Beyfortus de forma comercial) no es una vacuna en sí, sino un anticuerpo monoclonal humano que sirve de inmunoprofilaxis pasiva, ya que estos anticuerpos son neutralizantes de la proteína prefusión del virus e inhiben o bloquean la fusión del virus a la membrana de la células, por lo que se impide así su entrada y se neutraliza al virus [https://www.elsevier.es/es-revista-vacunas-72-avance-resumen-nirsevimab-hacia-inmunizacion-universal-poblacion-S1576988722001844].
- Recientemente esta «vacuna» ha generado controversia no porque no sea un medicamento muy interesante para neonatos menores de 6 meses, donde la infección por VRS puede ser mortal, sino porque solo algunas comunidades autónomas en España han priorizado su administración; mientras que otras no, generando un gran revuelo y reflexión sobre el sistema sanitario.
¿Cómo relacionarías tu ambos fenómenos: vacunas y energías renovables? Incluye aquí debajo tus aportaciones a estos dos grandes temas en respuesta a esta entrada.

Vacunas y negacionismo científico: la importancia de la evidencia para proteger la salud global.
Por Rubi Mejia.
Las vacunas constituyen uno de los mayores avances científicos de la historia de la humanidad. Gracias a ellas se han prevenido millones de muertes y se han controlado enfermedades que durante siglos causaron epidemias devastadoras. Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia científica que respalda su eficacia y seguridad, en las últimas décadas han surgido movimientos que cuestionan la vacunación y promueven información errónea sobre sus efectos. Este fenómeno se conoce como negacionismo de las vacunas.
El negacionismo científico representa un desafío importante para la salud pública porque favorece la desconfianza hacia las instituciones sanitarias y disminuye las tasas de vacunación. Como consecuencia, enfermedades que habían sido controladas o prácticamente eliminadas han reaparecido en algunas regiones del mundo.
Este artículo tiene como objetivo analizar la importancia de las vacunas desde una perspectiva científica, examinar los principales argumentos utilizados por los movimientos antivacunas y demostrar, mediante evidencias verificables, por qué la vacunación sigue siendo una de las estrategias más eficaces para proteger la salud humana. Además, se relacionará este tema con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3: Salud y Bienestar.
¿Qué son las vacunas y cómo funcionan?
Las vacunas son preparados biológicos que estimulan el sistema inmunitario para que reconozca y combata microorganismos causantes de enfermedades. Estos preparados pueden contener microorganismos debilitados, inactivados, fragmentos de estos o información genética capaz de generar una respuesta inmune sin provocar la enfermedad.
Cuando una persona recibe una vacuna, su organismo produce anticuerpos y células de memoria inmunológica. Si posteriormente entra en contacto con el microorganismo real, el sistema inmunitario puede responder rápidamente y evitar la enfermedad o reducir significativamente su gravedad.
Este mecanismo de protección ha permitido controlar enfermedades como la poliomielitis, el sarampión, la rubéola, la difteria y la hepatitis B, entre muchas otras.
El impacto histórico de las vacunas
La historia de las vacunas demuestra claramente su efectividad. Uno de los mayores éxitos fue la erradicación de la viruela, una enfermedad que causó millones de muertes durante siglos. Gracias a las campañas mundiales de vacunación impulsadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la viruela fue declarada oficialmente erradicada en 1980.
Otro ejemplo es la poliomielitis. Antes de la introducción de las vacunas, miles de niños sufrían parálisis permanente cada año. Actualmente, esta enfermedad ha sido eliminada en la mayoría de los países del mundo.
Según la Organización Mundial de la Salud (2024), la inmunización previene entre 3,5 y 5 millones de muertes cada año por enfermedades como la difteria, el tétanos, la tosferina, la influenza y el sarampión.
Estos resultados evidencian que las vacunas no solo protegen a las personas vacunadas, sino también a las comunidades enteras mediante la inmunidad colectiva.
¿Qué es el negacionismo de las vacunas?
El negacionismo de las vacunas es una corriente de pensamiento que rechaza o pone en duda el consenso científico sobre la seguridad y eficacia de las vacunas. Aunque algunas personas expresan dudas legítimas debido al desconocimiento o al miedo, los movimientos antivacunas suelen basarse en información falsa, interpretaciones incorrectas de estudios científicos o teorías conspirativas.
Las redes sociales han contribuido significativamente a la difusión de este tipo de contenidos, permitiendo que afirmaciones sin respaldo científico alcancen a millones de personas en poco tiempo.
La OMS ha identificado la reticencia a las vacunas como una de las amenazas para la salud mundial debido a su impacto en la prevención de enfermedades infecciosas.
Principales argumentos antivacunas y su refutación científica:
Las vacunas causan autismo
Este mito se originó en 1998 a partir de un estudio publicado por Andrew Wakefield que sugería una relación entre la vacuna triple viral y el autismo.
Posteriormente se descubrió que el estudio contenía graves irregularidades metodológicas y conflictos de interés. La investigación fue retirada por la revista científica que la publicó y Wakefield perdió su licencia médica.
Desde entonces, numerosos estudios realizados con millones de niños en distintos países han demostrado que no existe ninguna relación entre las vacunas y el autismo.
Es mejor desarrollar inmunidad de forma natural
Aunque algunas enfermedades generan inmunidad después de padecerlas, contraerlas implica riesgos importantes. El sarampión, por ejemplo, puede causar neumonía, encefalitis, discapacidad permanente e incluso la muerte.
Las vacunas permiten desarrollar protección inmunológica sin exponer a las personas a las consecuencias graves de la enfermedad.
Las vacunas contienen sustancias peligrosas
Los componentes presentes en las vacunas son evaluados rigurosamente antes de su aprobación. Organismos reguladores nacionales e internacionales verifican continuamente su seguridad.
Las cantidades utilizadas son extremadamente pequeñas y se encuentran dentro de los márgenes considerados seguros por la comunidad científica.
Las vacunas contra la COVID-19 se desarrollaron demasiado rápido
Las vacunas contra la COVID-19 fueron desarrolladas en un tiempo récord debido a décadas de investigación previa sobre coronavirus, inversiones económicas extraordinarias y cooperación internacional.
A pesar de la rapidez del proceso, todas las vacunas autorizadas pasaron por ensayos clínicos rigurosos y continúan siendo monitoreadas mediante sistemas de vigilancia de seguridad.
Aplicación del método científico al debate sobre las vacunas
El método científico constituye la principal herramienta para evaluar afirmaciones relacionadas con la salud.
Observación: Se observa la existencia de movimientos que cuestionan la seguridad y eficacia de las vacunas.
Pregunta de investigación: ¿Son las vacunas seguras y eficaces para prevenir enfermedades infecciosas?
Hipótesis: Las vacunas son seguras y eficaces cuando son desarrolladas, aprobadas y administradas siguiendo los protocolos científicos establecidos.
Experimentación y recopilación de datos: Miles de estudios clínicos y epidemiológicos han analizado la seguridad y eficacia de las vacunas en diferentes poblaciones.
Análisis de resultados: Los datos muestran consistentemente una reducción significativa de la incidencia de enfermedades, hospitalizaciones y muertes en poblaciones vacunadas.
Conclusión: La evidencia científica disponible confirma que las vacunas son una herramienta segura y eficaz para proteger la salud pública.
Relación con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 busca garantizar una vida sana y promover el bienestar para todas las personas en todas las edades.
Las vacunas contribuyen directamente a este objetivo porque:
La disminución de las tasas de vacunación debido a la desinformación amenaza el cumplimiento de este objetivo y pone en riesgo los avances logrados en salud pública durante las últimas décadas.
La educación científica como herramienta contra el negacionismo
La mejor estrategia para combatir el negacionismo consiste en promover la alfabetización científica. Los ciudadanos deben aprender a diferenciar entre información basada en evidencia y opiniones sin fundamento científico.
Las escuelas desempeñan un papel fundamental en este proceso, ya que pueden fomentar el pensamiento crítico, el análisis de fuentes confiables y la comprensión del método científico.
Asimismo, resulta esencial que los profesionales de la salud y los divulgadores científicos comuniquen la información de forma clara, accesible y comprensible para toda la población.
Las vacunas representan uno de los mayores logros de la medicina moderna y continúan siendo una herramienta fundamental para la prevención de enfermedades infecciosas. La evidencia científica acumulada durante décadas demuestra de manera contundente su seguridad y eficacia.
Aunque el negacionismo de las vacunas ha ganado visibilidad en algunos sectores de la sociedad, sus argumentos no cuentan con respaldo científico sólido. Por el contrario, las investigaciones realizadas por organismos internacionales, universidades y centros de investigación de todo el mundo coinciden en que la vacunación salva millones de vidas cada año.
Promover la educación científica, el pensamiento crítico y el acceso a información confiable es esencial para combatir la desinformación y avanzar hacia el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 3: Salud y Bienestar. En un mundo cada vez más interconectado, la confianza en la ciencia constituye una herramienta indispensable para proteger la salud individual y colectiva.
Las vacunas han permitido prevenir millones de muertes y continúan siendo una de las estrategias más eficaces para proteger la salud pública mundial.
Referencias:
Centers for Disease Control and Prevention. (2024). Vaccines and immunizations. https://www.cdc.gov/vaccines
Organización Mundial de la Salud. (2024). Immunization coverage. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/immunization-coverage
Organización Mundial de la Salud. (2024). Immunization agenda 2030: A global strategy to leave no one behind. https://www.who.int
Taylor, L. E., Swerdfeger, A. L., & Eslick, G. D. (2014). Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccine, 32(29), 3623–3629. https://doi.org/10.1016/j.vaccine.2014.04.085
UNICEF. (2024). Why vaccines matter. https://www.unicef.org/immunization
Principia. (2015). Vacunas: cuando la evidencia es lo que cuenta. https://principia.io/2015/06/06/vacunas-cuando-la-evidencia-es-lo-que-cuenta.IjEzMiI/
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Inmunidad para el futuro: cómo las vacunas, la evidencia científica y el ODS 3 construyen sociedades más saludables.
Por: Javier Maury
Si se preguntara cuál ha sido uno de los avances científicos que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad, las vacunas ocuparían sin duda uno de los primeros lugares. Gracias a ellas, enfermedades que durante siglos provocaron epidemias devastadoras han sido controladas, reducidas drásticamente o incluso erradicadas. La vacunación representa mucho más que una intervención médica: constituye una herramienta de desarrollo social, económico y humano. Por ello, su importancia está estrechamente relacionada con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 (ODS 3), cuyo propósito es garantizar una vida sana y promover el bienestar para todas las personas en todas las edades (https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/health/).
La historia de las vacunas también es una historia sobre la evidencia científica. A lo largo del tiempo, miles de investigadores han puesto a prueba hipótesis, analizado resultados y mejorado tecnologías para ofrecer herramientas cada vez más seguras y eficaces. Sin embargo, junto con los avances científicos han surgido movimientos que cuestionan o niegan la evidencia acumulada. Comprender por qué las vacunas funcionan y por qué la comunidad científica las considera esenciales es fundamental para una ciudadanía informada (https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/home.htm).
De la viruela a la prevención moderna
Mucho antes de que existiera la microbiología moderna, algunas sociedades habían observado que quienes sobrevivían a determinadas enfermedades raramente las padecían de nuevo. Estas observaciones condujeron a prácticas primitivas de inmunización que, con el tiempo, evolucionaron hasta las vacunas actuales. El caso más conocido es la viruela, una enfermedad que causó millones de muertes durante siglos y que fue erradicada oficialmente en 1980 gracias a campañas globales de vacunación coordinadas por la Organización Mundial de la Salud (https://www.paho.org/es/temas/inmunizacion).
La erradicación de la viruela constituye uno de los mayores triunfos de la salud pública. No se trató de una casualidad ni de un fenómeno espontáneo asociado únicamente a mejoras de higiene o nutrición. Fue el resultado de una estrategia internacional basada en vigilancia epidemiológica, cooperación entre países y vacunación masiva. Este éxito demuestra que la evidencia científica puede traducirse en beneficios tangibles para toda la humanidad (https://www.who.int/health-topics/smallpox#tab=tab_1).
Desde entonces, las vacunas han contribuido a controlar enfermedades como la poliomielitis, la difteria, el tétanos, la rubéola, el sarampión y la hepatitis B. En numerosos países, estas patologías han pasado de ser amenazas frecuentes para convertirse en eventos poco comunes gracias a los programas de inmunización sistemática (https://vacunasaep.org/).
¿Qué es exactamente una vacuna?
Una vacuna es una preparación biológica diseñada para entrenar al sistema inmunitario. Puede contener microorganismos atenuados, inactivados, fragmentos de virus o bacterias, o incluso información genética capaz de inducir una respuesta inmunitaria específica. Su objetivo es que el organismo aprenda a reconocer un agente infeccioso antes de enfrentarse a él en condiciones reales (https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/vacunaciones/home.htm).
Cuando una persona vacunada entra en contacto con un patógeno, su sistema inmunitario ya dispone de células de memoria capaces de responder rápidamente. Esto reduce la probabilidad de enfermedad grave y disminuye la transmisión a otras personas. En términos sencillos, las vacunas permiten que el cuerpo practique antes de enfrentarse al verdadero desafío biológico (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/immunization-coverage).
La vacunación y el ODS 3: salud como motor del desarrollo
El ODS 3 reconoce que la salud no es únicamente la ausencia de enfermedad. También implica bienestar físico, mental y social. Alcanzar este objetivo requiere reducir la mortalidad infantil, combatir enfermedades transmisibles y garantizar el acceso universal a servicios sanitarios esenciales. Las vacunas contribuyen directamente a todas estas metas (https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/health/).
La inmunización evita millones de muertes cada año y protege especialmente a los grupos más vulnerables. Además, disminuye los costes asociados a hospitalizaciones, tratamientos complejos y pérdidas económicas derivadas de enfermedades prevenibles. Diversos organismos internacionales consideran que la vacunación es una de las intervenciones sanitarias más rentables jamás desarrolladas (https://www.paho.org/es/temas/inmunizacion).
La relación entre vacunación y desarrollo sostenible también tiene una dimensión educativa. Los niños que permanecen sanos tienen más probabilidades de asistir a la escuela de manera regular, mientras que las familias enfrentan menos gastos médicos imprevistos. En consecuencia, la salud se convierte en un factor que favorece la reducción de desigualdades y el progreso social (https://www.unicef.org/es/inmunizacion/inmunizacion-y-conflictos).
La inmunidad de grupo: proteger también a quienes no pueden vacunarse
Uno de los conceptos más relevantes en salud pública es la inmunidad de grupo. Cuando una proporción elevada de personas está vacunada, la circulación de un microorganismo disminuye significativamente. Como resultado, las personas que no pueden vacunarse por motivos médicos reciben una protección indirecta (https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/inmunidad-de-grupo).
Este fenómeno demuestra que la vacunación posee una dimensión colectiva. Cada persona vacunada contribuye a construir una barrera epidemiológica que dificulta la propagación de enfermedades. En comunidades con altas coberturas vacunales, incluso quienes son más vulnerables tienen mayores probabilidades de permanecer protegidos (https://www.paho.org/es/temas/inmunizacion).
Por el contrario, cuando las tasas de vacunación disminuyen, reaparecen enfermedades que parecían controladas. Diversos brotes de sarampión registrados en Europa y otras regiones han estado relacionados con coberturas insuficientes de vacunación, recordando que los logros sanitarios pueden perderse si se abandona la prevención (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/measles).
Negacionismo y desinformación: un desafío para la salud pública
La ciencia avanza mediante la formulación de preguntas, la comprobación de hipótesis y la revisión constante de evidencias. El negacionismo científico, en cambio, consiste en rechazar sistemáticamente los resultados obtenidos por la investigación aun cuando proceden de múltiples estudios independientes. En el ámbito de las vacunas, este fenómeno se ha visto amplificado por la difusión masiva de información engañosa en internet y redes sociales (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000395111_spa).
Una característica frecuente del negacionismo es presentar casos individuales como si fueran pruebas definitivas. Sin embargo, la investigación médica se basa en estudios amplios, análisis estadísticos y comparación de resultados obtenidos por distintos equipos científicos. Una experiencia personal puede resultar emocionalmente impactante, pero no basta para demostrar una relación causal (https://www.isciii.es/).
El caso Wakefield: una lección sobre cómo funciona la ciencia
Uno de los episodios más citados por los movimientos antivacunas es el estudio publicado en 1998 por Andrew Wakefield, que sugería una relación entre la vacuna triple vírica y el autismo. Años después se descubrió que el trabajo contenía graves irregularidades metodológicas y conflictos de interés. Finalmente, la revista retiró el artículo y el autor perdió su licencia médica (https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/andrew-wakefield-infame-padre-movimiento-antivacunas_20262).
Lo importante no es únicamente que existiera un estudio erróneo, sino la forma en que la comunidad científica respondió. Investigadores de numerosos países realizaron estudios mucho más amplios y rigurosos, con cientos de miles de participantes. La conclusión fue consistente: no existe evidencia científica que demuestre una relación causal entre las vacunas y el autismo (https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/vacunas-y-autismo-evidencias).
¿Son seguras las vacunas?
La seguridad es una de las preguntas más frecuentes cuando se habla de vacunación. La respuesta exige una consideración importante: ningún medicamento está completamente libre de riesgos. Sin embargo, las vacunas son sometidas a procesos de evaluación extraordinariamente rigurosos antes de su aprobación y continúan siendo vigiladas después de su comercialización (https://www.aemps.gob.es/medicamentos-de-uso-humano/farmacovigilancia-de-medicamentos-de-uso-humano/ ).
La mayoría de los efectos secundarios son leves y temporales, como dolor en el lugar de la inyección, fiebre moderada o cansancio. Los eventos adversos graves son muy poco frecuentes y se investigan cuidadosamente mediante sistemas de farmacovigilancia nacionales e internacionales (https://vaccination-info.europa.eu/es/acerca-de-las-vacunas/seguridad-y-efectos-secundarios-de-las-vacunas).
Cuando se comparan los riesgos de las vacunas con los riesgos de las enfermedades que previenen, la diferencia resulta evidente. El sarampión puede causar neumonía o encefalitis; la meningitis puede producir secuelas neurológicas permanentes; la poliomielitis puede provocar parálisis irreversible. Desde una perspectiva de salud pública, los beneficios de la vacunación superan ampliamente los riesgos identificados (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/measles).
La pandemia de COVID-19 y la importancia de la confianza científica
La pandemia de COVID-19 mostró la extraordinaria capacidad de colaboración de la comunidad científica internacional. En pocos meses se desarrollaron vacunas basadas en décadas de investigación previa en biología molecular, inmunología y genética. Este esfuerzo permitió reducir significativamente las hospitalizaciones y la mortalidad asociadas al virus (https://www.isciii.es/).
Al mismo tiempo, la pandemia evidenció el impacto que puede tener la desinformación. Rumores, teorías conspirativas y mensajes sin respaldo científico circularon con enorme rapidez. Esta situación puso de manifiesto la necesidad de fortalecer la alfabetización científica de la población y promover una comunicación clara por parte de las instituciones sanitarias (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000395111_spa).
Pensamiento crítico frente a negacionismo
Defender las vacunas no significa aceptar afirmaciones de manera acrítica. El pensamiento científico se basa precisamente en cuestionar, verificar y contrastar evidencias. La diferencia es que las conclusiones se modifican cuando los datos lo justifican. El negacionismo, por el contrario, suele mantener sus creencias incluso cuando las pruebas disponibles indican lo contrario (https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10130805/).
Por ello, la mejor respuesta frente a la desinformación no es la censura, sino la educación. Comprender cómo se diseñan los ensayos clínicos, cómo funcionan los sistemas de vigilancia sanitaria y cómo se construye el consenso científico permite a la ciudadanía tomar decisiones mejor fundamentadas (https://www.sanidad.gob.es/).
Las vacunas representan una de las herramientas más eficaces desarrolladas por la humanidad para proteger la salud. Han permitido erradicar enfermedades, reducir millones de muertes y mejorar la calidad de vida de generaciones enteras. Su contribución al Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 es directa y profunda, ya que favorecen la prevención, la equidad y el bienestar colectivo (https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/health/).
La evidencia científica acumulada durante décadas muestra que las vacunas son seguras, eficaces y esenciales para la salud pública. Frente a la desinformación y el negacionismo, la mejor defensa sigue siendo el conocimiento. Comprender cómo funciona la ciencia permite valorar adecuadamente los logros alcanzados y participar de manera responsable en la construcción de sociedades más saludables, resilientes y sostenibles.
Bibliografía
Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (2024). Farmacovigilancia de medicamentos de uso humano.
Asociación Española de Pediatría. (2024). Comité Asesor de Vacunas.
Asociación Española de Pediatría. (2024). Inmunidad de grupo.
Asociación Española de Pediatría. (2024). Vacunas y autismo: evidencias científicas.
Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. (2024). Cultura científica y pensamiento crítico.
Instituto de Salud Carlos III. (2024). Salud pública e investigación biomédica.
Ministerio de Sanidad. (2024). Vacunaciones.
National Geographic (2024) Andrew Wakefield, la controvertida historia del padre del movimiento antivacunas.
Organización Panamericana de la Salud. (2024). Inmunización.
Organización de las Naciones Unidas. (2024). Objetivo de Desarrollo Sostenible 3: Salud y bienestar.
Organización Mundial de la Salud. (2024). Cobertura de inmunización.
Organización Mundial de la Salud. (2024). Sarampión.
Organización Mundial de la Salud. (2024). Viruela.
UNESCO. (2024). Lucha contra la desinformación.
UNICEF España. (2024). Inmunización infantil.
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